Rimac Nevera R: el hombre que fabricó el coche más rápido ya no cree en él

El coche que más rápido acelera del planeta lo ha construido un croata de un país sin industria del automóvil. Y ese mismo croata, con el récord recién batido y las cámaras todavía calientes, ha soltado en voz alta que la demanda de hiperdeportivos eléctricos se está apagando y que su próximo coche a lo mejor no enchufa. Ahí está la historia. No en las cifras, que son marcianas. En la grieta que deja abierta el propio creador.
El Rimac Nevera R es, sobre el papel, el punto más alto al que ha llegado el coche eléctrico de calle. Sobre el terreno es otra cosa: la prueba de que ganar la guerra de la velocidad bruta ya no impresiona a nadie, ni siquiera al que la gana. Vamos por partes, porque merece la pena contarlo entero.
Croacia no hacía coches. Ahora le vende las tripas a Porsche
Mate Rimac empezó electrificando un BMW Serie 3 E30 en un garaje porque el motor de gasolina le reventaba en circuito. De ahí a que medio sector premium le llame a la puerta para comprarle baterías y electrónica de potencia hay un salto que las notas de prensa resuelven con la palabra «talento» y que en realidad fue picar piedra durante años mientras el sector entero daba por hecho que un eléctrico jamás sería un coche de conducir de verdad.
Croacia no tenía proveedores de chasis de fibra de carbono. No tenía cadena de motores eléctricos. No tenía un solo ingeniero con galones en hiperdeportivos. Rimac montó todo eso desde cero y acabó controlando Bugatti a través de la sociedad Bugatti Rimac, con Porsche como accionista de peso. El chaval del garaje manda hoy sobre el apellido más aristocrático de la gasolina. Ese dato hace falta para el remate, así que no lo pierdas de vista.
El Nevera nació de ese contexto con un planteamiento tramposo: un coche que batiese cronómetros por toda Europa y que a la vez sirviera para cruzarse un continente sin romperte la espalda. Un gran turismo con alma de misil. Y lo lograron, que es lo difícil.

Nevera (2021): récords de sobra siendo el cómodo de la familia
El Nevera de calle salió con cuatro motores eléctricos, 1.914 CV y la orden expresa de ser habitable. Rimac lo vendió como grand tourer, no como cohete de pista. Y aun así se dedicó a partir marcas por toda Europa.
En un solo día de mayo de 2023, en las rectas de cuatro kilómetros del circuito de pruebas de Papenburg, en Alemania, el Nevera firmó 23 récords de rendimiento, entre ellos el 0–97 km/h en 1,74 s y el cuarto de milla en 8,25 s. Antes, en noviembre de 2022, había clavado su velocidad punta: 412 km/h (258 mph), lo que le convirtió, según la propia Rimac, en el coche eléctrico de producción más rápido del mundo. La cifra la habían fijado los ingenieros como objetivo cuando el coche todavía se llamaba C_Two y se presentó en Ginebra en 2018; tardaron años y 1,6 millones de horas de desarrollo en verificarla en pista.
Sumó también el récord de subida en la cuesta del Festival de Velocidad de Goodwood, con 49,32 segundos, y la vuelta más rápida para un eléctrico de producción en el Nürburgring Nordschleife, con un tiempo de 7:05.298. Todo esto, insisto, con el miembro cómodo de la gama. El que estaba pensado para llevar maletas.
Ahí ya hay una lectura que casi nadie subraya. El listón de «el más rápido del mundo» lo puso un coche que ni siquiera estaba diseñado para ser lo más extremo posible. El récord fue casi un efecto colateral de hacer bien la ingeniería. Para situarlo entre sus contemporáneos: cuando el Nevera marcó esos tiempos, los referentes de la gasolina eran el Bugatti Chiron y el Koenigsegg Jesko, coches de motor central y transmisiones de siete y nueve velocidades peleando por décimas. El Nevera les pasó por encima en aceleración sin caja de cambios, con la brutalidad plana del par eléctrico. Esa era la novedad de 2021: no que fuera rápido, sino que lo fuera sin nada de la mecánica que hasta entonces definía a un hiperdeportivo.

Nevera R (2025): quitarse los guantes
Cinco años después, en la Monterey Car Week, llegó el R. Y aquí Rimac aparcó la comodidad para ir directo a la yugular. Los números, medidos y verificados de forma independiente por Dewesoft, dan vértigo.
El R sube a 2.107 CV frente a los 1.914 del original. Según Rimac, recuperó el título del 0–400–0 km/h con un tiempo de 25,79 segundos, 2,04 segundos más rápido que el anterior poseedor, que era el Koenigsegg Jesko Absolut. En aceleración pura, el Nevera R hace el 0–60 mph en 1,66 segundos y alcanza los 300 km/h en 7,89 segundos, frente a los 9,22 del Nevera normal. Y su punta registrada: 431,45 km/h (268,2 mph), nuevo récord de velocidad máxima para un eléctrico de producción.
Está limitado a 40 unidades en todo el mundo, con un precio de partida de 2,3 millones de euros. Cada una arrastra, en palabras de la propia marca, la etiqueta de formar parte del hiperdeportivo que más récords ha reventado de la historia. La reingeniería fue de arriba abajo: alerón trasero fijo, difusor más grande y un frontal rediseñado que aporta un 15% más de carga aerodinámica, más neumáticos Michelin Cup 2 y una vectorización de par recalibrada que recorta el subviraje un 10%.
Mate Rimac lo resumió con una frase que parece de folleto y no lo es: dijo que es el único coche del mundo capaz de frenar más rápido de lo que acelera. Esa frase, bien mirada, es una confesión. La desmonto luego, porque es la llave de todo.

El detalle que nadie coloca en el centro: el rey eléctrico pierde contra su propio Bugatti
Vamos con la primera bofetada al relato oficial.
El Nevera R no tiene el récord absoluto de velocidad punta. No lo tiene ningún eléctrico. Lo tiene un coche de gasolina de 2019: el Bugatti Chiron Super Sport 300+, que alcanzó los 490,48 km/h. Es decir, el eléctrico de producción más rápido del mundo va, en punta, casi 60 km/h por debajo de un Bugatti de hace siete años.
Y ahora la parte sabrosa: Rimac controla Bugatti. La marca eléctrica más avanzada del planeta es dueña del coche de combustión que todavía la supera en la única cifra que la prensa generalista sabe repetir de memoria. El rey del enchufe posee al campeón de la gasolina, y ese campeón le gana. Si algún medio ha construido su cobertura del Nevera alrededor de esa paradoja, no me ha llegado.
Hay una explicación técnica que conviene dejar clara, porque si no parece brujería. A un eléctrico, la aceleración le sale barata y la punta sostenida le sale cara. El par instantáneo de cuatro motores te lanza del semáforo como ningún V12, pero mantener 490 km/h durante los segundos que exige homologar el récord es una guerra de relación de transmisión, refrigeración y densidad energética que la batería, hoy por hoy, todavía pierde contra un depósito lleno de gasolina. Por eso el Chiron aguanta arriba y el Nevera se queda antes. No es cuestión de potencia; es cuestión de cuánto tiempo puedes sostenerla.
La confesión de Mate Rimac
Ahora sí, la grieta.
Con el récord recién puesto, Mate Rimac no se dedicó a vender humo. Dijo lo contrario. Reconoció que el desarrollo del Nevera arrancó en 2016 bajo la idea de que los coches eléctricos pronto serían deseables, pero que la demanda de eléctricos de gama muy alta está decayendo en favor de alternativas más analógicas y tradicionales. Usó una comparación que corta: un Apple Watch hace muchas cosas mejor y con más precisión que un reloj mecánico, pero nadie pagaría 200.000 dólares por él. Y remató admitiendo que Rimac no es una empresa exclusivamente eléctrica y perseguirá lo que resulte más emocionante en cada momento, con su próximo coche quizá no siendo totalmente eléctrico.
Léelo dos veces. El hombre que ha fabricado el eléctrico más bestia de la historia está diciendo, con sus cifras aún en el aire, que el mercado de eléctricos deseables se enfría y que él mismo podría no repetir la jugada. Y hay más: por lo que trascendió en mayo de 2025, Rimac todavía no había vendido las 150 unidades del Nevera estándar. El coche técnicamente más impresionante del planeta no se agota en la lista de espera. Eso, para un hiperdeportivo de esta liga, es una señal enorme.
Por eso la frase de «frena más rápido de lo que acelera» no es un eslogan. Es la admisión de que el reto ya no es correr en línea recta —eso está resuelto y aburre— sino todo lo demás: frenar, virar, aguantar una vuelta rápida sin cocer la batería, ser un coche que un tipo con dos millones y medio quiera de verdad y no solo respete desde lejos. El R persigue eso porque la velocidad bruta dejó de vender.

El alegato
Aquí va la lectura de NEB, y no es la que sirve el sector.
El Nevera ganó la guerra de la velocidad de una forma tan brutal que la guerra se quedó sin sentido. Cuando 40 coches a 2,3 millones baten dos docenas de récords en una tarde, lo que demuestran no es que el eléctrico sea el futuro glorioso del hiperdeportivo. Demuestran que el cronómetro se acabó como medida de prestigio. El próximo eléctrico de 3.000 CV batirá estas marcas y no lo mirará nadie, porque ya sabemos que un motor eléctrico grande y cuatro ejes motrices baten cualquier registro de aceleración. La cifra dejó de contar una historia.
Y el propio Mate Rimac lo huele. Por eso deja la puerta abierta con su siguiente coche. Por eso coquetea con lo analógico. El fundador de la marca eléctrica más importante del mundo intuye que el cliente de este dinero no quiere el reloj más preciso: quiere el reloj con ruido, con vibración, con mecánica que se pueda tocar y contar. El Nevera R es una obra maestra de ingeniería que aterriza justo cuando su propio creador duda de que la ingeniería sea lo que se paga.
No es el coche del futuro. Es la cima de una montaña que resultó más fácil de escalar de lo que parecía, plantada por el único equipo que tuvo el mérito real de llegar primero y llegar bien. Lo que venga después no será «más rápido». Será «y ahora qué». El Nevera es, seguramente, el último coche en el que ser el más rápido del mundo todavía significaba algo, coronado por un hombre que ya está mirando hacia otro lado.
Desconecta y disfruta.